Reporte de Dinero y Banca - 2/1/2026
Expansión monetaria, distorsión del capital y el ajuste que los bancos centrales siguen postergando.
Panorama monetario global
La tendencia dominante es la expansión del crédito y la base monetaria global. En EE.UU. la oferta monetaria M2 alcanzó máximos históricos (~$22,3 billones) y creció un 4,3% anual en noviembre 2025. En la Eurozona el M3 avanzó un 3,0% interanual en noviembre (desde 2,8% en octubre). En China el M2 subió un 8,0% interanual en noviembre.
Esta expansión persistente de dinero fiduciario, impulsada por bajas tasas oficiales, produce sobreacumulación de capital y distorsiones en la estructura productiva: se financian proyectos de largo plazo artificialmente baratos mientras se disuade el verdadero ahorro productivo.
Los precios relativos ya muestran los síntomas: activos y materias primas están sobrevaluados, mientras la inversión real languidece. En economías periféricas como Argentina y Brasil el exceso de emisión se traslada a inflación eroding el ahorro real (en Argentina la base pasará de 4,2% a 4,8% del PIB emitiendo pesos para comprar dólares sin esterilizarlos).
En suma, el sistema global ve inyección monetaria creciente que encubre una gravísima expansión artificial de crédito, sin relación con el ahorro genuino ni la productividad.
Decisiones de bancos centrales
En diciembre la Fed recortó 0,25 p.p. su tasa de interés objetivo, dejándola en 3,50–3,75%. El justificativo oficial fue suavizar la desaceleración del empleo, pero en la práctica implica inundar de nuevo al mercado con crédito barato. Cada recorte de tasas desincentiva el ahorro auténtico y prolonga inversiones mal dirigidas por períodos insostenibles. A corto plazo puede inflar burbujas en acciones y bonos; a largo plazo va a cargar la economía con un exceso de deuda y capital mal invertido (que luego colapsará cuando el malinvestment se corrija).
En la reunión de diciembre el Banco Central Europeo mantuvo sin cambios los tipos oficiales (2,00% depósito, 2,15% financiación principal, 2,40% crédito marginal). Se argumentó que la inflación tiende al 2% a medio plazo. Sin embargo, pese a tipos nominales altos, el BCE sigue inyectando liquidez (el APP y PEPP se siguen desarmando gradualmente). Esta pose restrictiva es engañosa, al mantener tasas altas pero imprimir deuda soberana y absorber activos, sigue estimulando sectores privilegiados.
De nuevo se pospone el ajuste, las empresas y gobiernos endeudados a bajo costo pueden sobrevivir temporalmente, pero las distorsiones en la estructura de capital (préstamos a largo plazo financiando construcción, etc.) se profundizan. A largo plazo esto enfriará la economía en forma de crisis más grave cuando la «aterrizaje suave» fracase.
Con respecto al Banco de Japón, el 19 de diciembre se aumentó la tasa de interés de 0,50% a 0,75%, tras décadas de política monetaria ultralaxa. Oficialmente se pretende moderar la inflación, pero los incrementos son mínimos: según el propio Banco, la tasa neutra estimada va del 1,0 al 2,5%. La consecuencia técnica fue una subida de los bonos a 26 años y una leve devaluación del yen (hasta ¥157 por USD).
El BOJ solo corrige tardíamente tras inflar inmensas burbujas de precios de activos durante años de liquidez infinita. Al acelerar hoy las tasas en forma modesta obliga a ajustes bruscos posteriores, numerosas inversiones financiadas a 0% desde 2013 van a resultar inviables. El derrumbe del yen también refleja que el público continúa demandando dólares masivamente, pese al leve ajuste japonés, porque confía poco en la compra de deuda con bajo rendimiento.
En Inglaterra el MPC redujo la tasa base de 4,00% a 3,75% en diciembre, alegando que la inflación (3,2%) ya cae sostenidamente. Sin embargo, las remarcaciones ya en curso ocultaban la verdadera fragilidad: la banca británica, muy endeudada, necesitaba alivio. Bajar las tasas apresura consumos y préstamos en lugar de permitir liquidar inversiones fallidas, sembrando recaídas futuras.
El propio BoE prevé más rebajas graduales; esto abona la ilusión de una vía suave hacia la estabilidad. Pero la sociedad de préstamos baratos sólo retrasa el ajuste de preferencias intertemporales del público (más ahorro) que el capitalismo genuino demandaría.
Con respecto al BCRA se anunció un nuevo esquema cambiario: las bandas oficiales se van a ajustar mensualmente por inflación (2,5% prevista en enero), mientras se intensifica la compra de dólares con emisión de pesos (hasta ~10.000 MUSD hasta fin-2026).
Oficialmente buscan reforzar reservas y estabilizar el tipo de cambio. En la práctica es una devaluación encubierta: al indexar la cotización oficial a la inflación, el peso se deprecia encubiertamente sin salto cambiario abrupto. Pero esto significa que todo el dinero recién emitido (y los aumentos salariales nominales) no corresponden a nuevo valor, sólo degradan el valor de los ahorros existentes.
Este apoyo artificial prologa las distorsiones de un tipo de cambio fijo y empeora el ciclo, alimenta consumos importados mientras la producción nacional se desincentiva, culminando en más inflación y crisis futuras.
Con respecto a Brazil, en diciembre el COPOM mantuvo la tasa Selic en 15,0% por cuarta vez consecutiva, argumentando inflación «elevada» (meta 4,5%) y riesgos globales. A corto plazo, esto encarece el crédito doméstico y enfría la demanda, algo beneficioso para desacelerar inflación. No obstante, esta moneda elevada (15% históricamente alto) también prolonga desequilibrios, obliga a las empresas muy endeudadas a pagarse más caro mientras permite capitalizar más deuda pública onerosa.
Además, los elevados tipos distorsionan las inversiones: las estructuras de capital brasileñas, moldeadas por años de tasas extremas, no van a sanar fácilmente con unas semanas de pausa. En suma, bajo alta inflación se alarga el ciclo, y cualquier recorte temprano (que el gobierno presiona) provocaría inmediatamente más expansión crediticia insostenible.
Monedas y movimientos relevantes
La relación entre política monetaria y divisas es ilustrativa, el dólar estadounidense cerró 2025 muy debilitado (-9,5% en su índice vs canasta de monedas mayores). Este debilitamiento refleja la continua emisión de USD pese a recortes recientes: los inversores no confían en una fortaleza genuina de la economía americana, sino en que la Fed vuelve a inundar mercados de dinero barato.
El euro (EUR/USD ≈ 1,175) subió cerca de 13% en 2025, una ganancia puramente nominal que enmascara una inflación europea igualmente creciente; la moneda única sólo parece fuerte porque el dólar se desploma. La libra esterlina subió ~8% contra el dólar (cotiza en $1,346).
Esto se debe a la percepción de que el BCE y el BoE siguen más «frenadas» con la emisión que la Fed, no por mayor solidez real del Reino Unido. El yen japonés fue volátil, ganó algo tras las primeras alzas de tasas, pero revirtió cuando el BOJ se mostró gradual. Un yen fuerte reflejaría la larguísima relajación japonesa; el corto repunte actual se explica por la euforia especulativa, que va a volver a torcerse con cada nuevo relajamiento fiscal.
En los emergentes, la manipulación es más evidente. El renminbi chino onshore alcanzó ¥6,987 por dólar (rompiendo la barrera de 7) gracias a la débil demanda mundial de consumo, pese a guías oficiales suaves. El PBoC mantiene tasas bajas (LPR a 1 año al 3,00%, a 5 años al 3,50%) y ajusta su RRR y créditos para sostener crecimiento; en términos reales, el yuan revalorizado es producto del exceso de liquidez global y la venta masiva de dólares por exportadores.
El peso brasileño (BRL) se apreció tras la pausa del BCB y el recorte de Fed, el real lideró las alzas regionales (~+1,2%). Sin embargo, esta aparente fortaleza tiene vulnerabilidades, los desequilibrios fiscales de Brasil siguen ahí, y cada apreciación del real erosiona a la producción industrial local.
El peso argentino (ARS) oficial quedó prácticamente estable después del anuncio del nuevo régimen, pero en términos reales el control absoluto y la indexación inflacionaria implican una devaluación encubierta continua. Los «dólares financieros» en paralelo se disparan, reflejo de la inflación real que el régimen no confiesa.
En resumen, ninguna moneda tiene salud pura, todas las fuerzas centrales actúan para retrasar ajustes y devaluar encubiertamente, engrosando burbujas cambiarias. Las políticas de intervención se traducen en devaluaciones encubiertas (caso ARS), controles (cabotaje de flujos en China) y manipulación de tasas de cambio cruzadas (Japón comunicando intervención verbal). Estas maniobras distorsionan precios relativos globales y destruyen la función informativa del tipo de cambio.
Noticias clave sobre dinero y banca
Argentina y Estados Unidos: La prensa señaló que no hubo $20.000 M de rescate bancario internacional. El ministro Caputo desmintió conversaciones con bancos de EE.UU. sobre un plan de auxilio de ese tamaño. En cambio, se avanza en un préstamo menor (~$5.000 M) a corto plazo. Desde mi opinión, esto es sintomático, no existía fallo de mercado que justificara tal rescate, sino que las autoridades intentan tapar el déficit cambiario argentino con deuda. El fracaso del salvavidas muestra que forzar crédito externo sólo posterga el ajuste y agrava la insolvencia.
Reservas internacionales: El nuevo esquema del BCRA busca recomponer reservas comprando dólares con pesos recién emitidos. El FMI aplaudió estas medidas. Sin embargo, esto equivale a financiar gasto público con inflación encubierta. En el mediano plazo las reservas no se van a sostener si la emisión progresa como se anuncia (base al 4,8% PIB). La noticia clave es que Argentina prioriza aumentar reservas hoy imprimiendo para dar confianza temporal, en lugar de corregir los desequilibrios estructurales.
Para ver mi opinión al respecto lean este artículo:
Brasil: Tras la decisión del BCB, los activos brasileños subieron moderadamente. Los bonos de Brasil a largo plazo alcanzaron mínimos históricos (spread vs. USA) ante la política hawkish del BCB. Este rally en la renta fija sugiere exceso de complacencia: con las elecciones de 2026 en mente, es probable que la presión por reactivar el consumo devuelva la inflación. La rigidez actual del real es un parche artificial que puede estallar con cualquier giro monetario.
México: Aunque menos prominente, se registró una reforma arancelaria (torniquete proteccionista). Esto no es una noticia aislada sino otro síntoma de intervencionismo, restringir comercio hunde la productividad y viene acompañando al abuso monetario global. Veremos que sucede a futuro y si esto implica una nueva noticia.
Otros bancos: No hubo rescates bancarios sistémicos recientes (el discurso oficial sigue apuntando a banca sólida). En el mundo real, cualquier crisis financiera aislada suele traducirse en avales fiscales discretos, socializando pérdidas. No se registra, eso sí, oleada de quiebras como en 2008, lo que indica que los bancos centrales siguen ahogando la sanidad de mercado con liquidez abundante.
Análisis central
La clave final está en la preferencia temporal y la estructura de capital. Los bancos centrales, al reducir tasas e inyectar dinero, bajan artificialmente la tasa de interés real, engañando al público sobre la abundancia de recursos futuros. Esto impulsa proyectos de larga duración y consumo adelantado en detrimento del ahorro genuino.
Los precios relativos se corrompen: en lugar de que el mercado ajuste las distorsiones generando crisis, el Estado las agrava con intervenciones adicionales. Cada «solución» (semanas de tasas bajas, subsidios, rescates) desplaza el ajuste y prolonga el ciclo.
Por ejemplo, la inflación actual (global) es consecuencia directa de la emisión masiva: los precios de bienes industriales y alimenticios ya suben aceleradamente (Francia acaba de anunciar +4,2% en energía); pero mientras los gobiernos sigan ocultando la inflación real con índices sesgados o controles, la preferencia temporal pública sigue elevada (consumo crece después de cada recorte de tasas). Esta dinámica infla nuevas burbujas (bancarias e inmobiliarias) y erosiona el capital existente. Las jubilaciones, los ahorros bancarios y las empresas sólidas (que no se endeudaron locamente) sufren confiscación silenciosa.
La intervención estatal se vuelve un círculo vicioso: se culpan supuestas fallas de los mercado inexistentes, se libera crédito barato (o se rescata a bancos en problemas), y luego se justifica la nueva debacle como otra excepción que requiere más banca central. Esta socialización de pérdidas (inserción explícita de deuda privada en el balance público) agrava el desequilibrio. Por el contrario, nosotros deberíamos dejar caer las inversiones erróneas y permitir que los precios se reajusten libremente. Cualquier intento de «suavizar» el golpe, solo agrava la descoordinación de la producción.
Sectores aparentemente prósperos (tecnología, petróleo, construcción) reciben flujos de inversión distorsionados por las políticas; en realidad, gran parte de esas inversiones no se respaldan en capital real, sino en inflación monetaria. Cuando la realidad imponga un ajuste, esos sectores van a ver quiebras en cascada.
Argentina y Brasil, con controles cambiarios y altísimos tipos de interés, no escapan a esta ley: ambos economías muestran un boom aparente (acumulación de reservas o superávit petrolero ficticio) y un bust latente (infraestructura deteriorada, crisis fiscal, inflación).
Las autoridades monetarias muestran una gran confusión intencional: apelan a frases vacías (estabilizar la inflación, mercado laboral sólido) mientras implementan políticas que, son la causa misma de la inestabilidad. La conclusión es inequívoca, la acumulación de deuda y papelitos monetarios gigantescos llevará tarde o temprano a un ajuste doloroso. Un proceso inflacionario global sostenido solo puede terminar en reestructuración masiva de capital. En particular, economías teóricamente sólidas como EE.UU. y la Eurozona van a padecer el precio de su exceso monetario; y países más frágiles (Argentina, Brasil, etc.) van a enfrentar recesiones mucho más abruptas cuando se desmorone el tejido financiero artificial.
La idea final que queda para quien lea esto es esta: no hay escapatoria en los números-índice. Cada inyección de liquidez aumenta la dosis necesaria de la próxima intervención. En ese contexto, preguntar: ¿se vienen más recortes o más alzas de tasas?” deja de tener sentido. La verdadera pregunta es: ¿quién va a cargar con la factura de tanta manipulación cuando los mercados pierdan toda confianza en el papel moneda? Pensémoslo bien, porque esa va a ser la pregunta que nos va a despertar en la realidad del ciclo económico.




