Una Crítica al Libro de Goodson Sobre «Historia de los Bancos Centrales y la Esclavitud de la Humanidad»
Errores Metodológicos y Confusiones Ideológicas
«La inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario, pero la verdadera cuestión es quién controla la emisión y bajo qué restricciones institucionales»
El libro de Stephen Mitford Goodson, «Historia de los Bancos Centrales y la Esclavitud de la Humanidad», toca un tema de importante: el papel del sistema bancario central en la configuración del poder político y económico a lo largo de la historia. Sin embargo, aunque comparto con Goodson una profunda desconfianza hacia los bancos centrales y el sistema de reserva fraccionaria, me veo obligado a señalar que su obra tiene graves deficiencias, confusiones conceptuales y, lo que es más problemático, una inclinación hacia soluciones que contradicen los principios fundamentales de una sociedad libre.
Mi crítica no pretende defender el statu quo bancario (que considero moralmente ilegítimo y económicamente destructivo) sino clarificar las diferencias fundamentales entre mi postura genuinamente anarcocapitalista de la banca central y una crítica que, bajo la apariencia de oposición al sistema, termina abogando por formas de intervención estatal aún más problemáticas.
Confundir el Problema con la Solución
La tesis central de Goodson puede resumirse de la siguiente manera: los bancos privados, particularmente aquellos controlados por ciertas élites financieras, han usurpado el poder de crear dinero, y la solución consiste en devolver este poder al Estado, que debería emitir dinero «libre de deuda» directamente. Acá encontramos el error cardinal de toda su argumentación.
Desde la perspectiva de la Escuela Austríaca de economía (desarrollada por Carl Menger, Ludwig von Mises, Murray Rothbard y continuada por trabajos de Hans-Hermann Hoppe y otros atures) el problema no es simplemente quién controla la emisión monetaria, sino la naturaleza misma del monopolio monetario y la capacidad de crear dinero ex nihilo. Cuando Goodson propone que el gobierno emita dinero directamente, está simplemente reemplazando un monopolista (el sistema bancario privado-estatal actual) por otro (el Estado puro), sin abordar el problema fundamental que es la violación de los derechos de propiedad que implica cualquier forma de monopolio monetario.
Como argumentó extensamente H. H. Hoppe en «Democracia: El Dios que Fracasó», el Estado no es una entidad benevolente que actúa en beneficio del pueblo. Es una organización que obtiene sus ingresos mediante la coacción (impuestos) y que, por tanto, tiene incentivos estructurales para expandir su poder. Otorgar al Estado el monopolio absoluto de la emisión monetaria no es una solución, es la institucionalización del problema. La historia nos muestra que los gobiernos, cuando tienen el poder de emitir dinero sin restricciones, invariablemente abusan de este privilegio para financiar guerras, programas clientelares y la expansión del aparato burocrático.
La Falacia del Dinero Estatal Libre de Deuda
Goodson presenta varios ejemplos históricos (desde la Roma de Julio César hasta la Alemania nacionalsocialista, pasando por la Libia de Gadafi) como casos de «banca estatal exitosa». Este análisis muestra de su parte una comprensión superficial tanto de la teoría económica como de la historia.
Primero, consideremos el caso romano. Goodson celebra las reformas monetarias de Julio César como un triunfo sobre los usureros. Sin embargo, omite mencionar que el sistema monetario romano posterior (bajo el Imperio) sufrió una degradación constante de la moneda. Los emperadores, desde Nerón hasta Diocleciano, redujeron sistemáticamente el contenido de metales preciosos de las monedas para financiar sus gastos, provocando inflación y desestabilización económica. El dinero estatal no protegió a Roma de la degradación monetaria; de hecho, la facilitó.
Segundo, el ejemplo de la Alemania nacionalsocialista requiere un análisis más riguroso del que Goodson ofrece. Es cierto que el régimen logró reducir el desempleo rápidamente, pero esto se logró mediante: (a) una economía de comando dirigida hacia la preparación bélica, (b) la exclusión de millones de personas del mercado laboral (judíos, mujeres casadas, opositores políticos), (c) trabajos forzados, y (d) controles de precios y salarios que distorsionaron las señales del mercado. Los famosos «Mefo bills» y otros instrumentos financieros del régimen no fueron dinero «libre de deuda» sino deuda disfrazada que eventualmente habría colapsado de no mediar la guerra. Presentar este sistema como un modelo a seguir es, en el mejor de los casos, una ingenuidad económica; en el peor, una apología de un régimen totalitario.
En cuanto a Libia bajo Gadafi, Goodson omite convenientemente que la «prosperidad» libia se basaba en los ingresos petroleros, no en la genialidad del sistema bancario estatal. Cualquier régimen que se siente sobre vastas reservas de petróleo puede mantener cierta estabilidad económica temporalmente, independientemente de su política monetaria. Además, el sistema político libio era una dictadura brutal que suprimía cualquier disidencia. Celebrar este modelo como alternativa al sistema bancario actual muestra una indiferencia preocupante hacia la libertad individual.
La Cuestión de la Usura y el Interés
Goodson adopta una posición esencialmente medieval sobre la usura, tratando el cobro de intereses como inherentemente inmoral o parasitario. Esta visión que el tiene ignora más de dos siglos de teoría económica que explicó satisfactoriamente el fenómeno del interés.
El interés, como explicó Eugen von Böhm-Bawerk y como lo refinó posteriormente Mises, no es un fenómeno arbitrario impuesto por «usureros» malvados. Es una manifestación de la preferencia temporal humana, el hecho universal de que los seres humanos, ceteris paribus, prefieren la satisfacción presente a la satisfacción futura. El interés es el precio que equilibra la oferta de bienes presentes (ahorro) con la demanda de bienes presentes (inversión). Eliminar o suprimir artificialmente el interés (como proponen implícitamente Goodson y otros críticos de la «usura») distorsionaría esta señal crucial del mercado, conduciendo a malas inversiones y crisis económicas.
Lo que sí constituye un problema legítimo (y acá hay un punto de contacto con algunas preocupaciones de Goodson) es la creación de crédito sin respaldo de ahorro real mediante el sistema de reserva fraccionaria. Pero la solución no es abolir el interés o crear «dinero libre de deuda» estatal; es establecer un sistema de banca con 100% de reservas, donde todo préstamo esté respaldado por ahorro genuino. Esta es la posición que Rothbard, Huerta de Soto y yo defendimos consistentemente, y difiere radicalmente de la solución estatista de Goodson.
La Teoría Conspirativa y sus Limitaciones Analíticas
Gran parte del libro de Goodson está dedicada a documentar las actividades de banqueros particulares y familias bancarias, sugiriendo una conspiración deliberada y coordinada para esclavizar a la humanidad. Aunque no niego que existan individuos y grupos que han manipulado el sistema monetario para su beneficio (esto es empíricamente verificable), el enfoque conspirativo tiene serias limitaciones analíticas.
El problema del sistema bancario actual no reside primariamente en la maldad de ciertos individuos, sino en la estructura institucional que permite y fomenta comportamientos explotadores. Como argumentó Hoppe en su obra sobre la teoría del Estado, debemos analizar las instituciones en términos de los incentivos que crean, no simplemente en términos de las personas que las ocupan. El sistema de banca central con reserva fraccionaria es problemático independientemente de quiénes sean los banqueros. Si reemplazáramos a todos los banqueros actuales por santos, el sistema seguiría siendo estructuralmente defectuoso.
Además, el enfoque conspirativo de Goodson le lleva a hacer afirmaciones históricamente dudosas y a caer en asociaciones problemáticas. Su tratamiento de la historia del siglo XX, particularmente su presentación favorable de regímenes totalitarios, revela los peligros de subordinar el análisis económico riguroso a una narrativa conspirativa preconcebida.
La Alternativa Anarcocapitalista
Frente a la solución estatista de Goodson, nosotros ofrecemos una alternativa coherente con los principios de la propiedad y la libertad individual.
Primero, la abolición del monopolio estatal del dinero. El dinero surgió históricamente como una institución de mercado (como explicó Menger en sus trabajos) y no hay razón por la cual deba ser monopolizado por el Estado. En un mercado libre, diferentes formas de dinero competirían, y los usuarios elegirían aquellas que mejor preservaran su valor. Históricamente, el oro y la plata emergieron como dineros de mercado precisamente porque poseían las características deseables: durabilidad, divisibilidad, transportabilidad y escasez relativa.
Segundo, la abolición del sistema de reserva fraccionaria. Como argumentó Rothbard y como elaboré en mi último, la reserva fraccionaria constituye un fraude, el banco promete pagar a demanda más dinero del que realmente posee. En un sistema legal consistente con los derechos de propiedad, esto sería reconocido como lo que es, una apropiación indebida de los depósitos de los clientes. La banca con 100% de reservas eliminaría los ciclos económicos causados por la expansión crediticia artificial y proporcionaría un sistema monetario estable.
Tercero, la descentralización radical del poder. A diferencia de Goodson, que confía en que un Estado «bueno» administrará honestamente el monopolio monetario, nuestra perspectiva reconoce que ninguna concentración de poder es segura. La solución no es reemplazar un monopolista por otro, sino eliminar el monopolio mismo. Esto implica no solo la desnacionalización del dinero, sino también la descentralización del poder político mediante el principio de secesión, que he defendido extensamente.
Sobre la Metodología Histórica
Finalmente, debo señalar las deficiencias metodológicas del trabajo de Goodson. Su tratamiento de la historia es selectivo y tendencioso. Selecciona casos que parecen apoyar su tesis mientras ignora evidencia contraria. Por ejemplo, celebra la «banca estatal» de ciertos regímenes sin considerar los innumerables casos de hiperinflación, degradación monetaria y colapso económico causados precisamente por gobiernos que abusaron de su poder de emisión: la Revolución Francesa y los assignats, la República de Weimar, Zimbabwe, Venezuela, Argentina repetidamente, y tantos otros.
La historia económica debe ser analizada con rigor, utilizando las herramientas de la teoría económica para interpretar los hechos. Goodson hace lo contrario, selecciona hechos para confirmar una teoría preconcebida. Esto no es historia económica seria; es propaganda con pretensiones académicas.
Conclusión
El libro de Stephen Goodson representa un caso de diagnóstico parcialmente correcto con una prescripción completamente equivocada. Tiene razón en identificar el sistema bancario de reserva fraccionaria y los bancos centrales como instituciones problemáticas que facilitan la explotación y la concentración del poder. Sin embargo, su solución (el monopolio estatal absoluto del dinero) no solo no resuelve el problema, sino que lo agrava.
La libertad humana no se defiende transfiriendo el poder de un grupo de élites a otro. Se defiende eliminando los monopolios coercitivos y permitiendo que los individuos interactúen libremente en el mercado, incluyendo el mercado del dinero.
Quienes buscan comprender los problemas del sistema monetario actual harían bien en estudiar los trabajos de Mises, Rothbard, Jesús Huerta de Soto y otros economistas de la tradición austríaca, en lugar de obras como la de Goodson que, pese a sus buenas intenciones aparentes, conducen a conclusiones que amenazan la libertad tanto como el sistema que pretenden criticar.




