Reporte de Dinero y Banca - 9/1/2026
Más expansión monetaria, más distorsión del capital y más ajustes que los bancos centrales siguen postergando.
Panorama monetario global
La expansión monetaria global continúa con matices, en EE.UU. la Fed recortó 25 puntos básicos la tasa de referencia en diciembre y ya anunció que va a reiniciar compras de bonos del Tesoro para mantener abundantes reservas. El suministro de dinero M2 global supera los 97 billones de dólares y sigue creciendo modestamente. En la zona euro la masa monetaria M3 avanza alrededor de 2.8% anual, mientras los bancos centrales del mundo en general acumularon niveles récord de liquidez. Japón dio un giro inesperado al endurecer su política, tras décadas de estímulos, el Banco de Japón subió su tasa a 0,75% y promete más alzas si la inflación se mantiene. China, por su parte, anuncia recortes futuros de encajes y tasas en 2026 para reactivar la economía, manteniendo su política moderadamente laxa. Salvo giros puntuales, las principales economías aún operan con dinero artificialmente barato. Este exceso de crédito calentó el precio de los activos y los insumos de producción, distorsionando la estructura productiva y erosionando el verdadero ahorro, la gente ahorra menos y consume más de lo que sus ingresos libres de inflación justificarían. En este contexto el oro se dispara (tocó casi su pico histórico de ~$4.485 la onza) y otros refugios acumulan ganancias récord, otra señal de que muchos ya desconfían del dinero fiat.
Decisiones de bancos centrales
La Reserva Federal de Estados Unidos en diciembre recortó su tasa en 25 pb a 4,50%-4,75%. Dijo que la inflación “continúa algo elevada” y que probablemente va a haber una pausa antes de nuevas rebajas. Oficialmente intenta calmar los precios y apoyar el empleo, pero en realidad rescata un sistema agrietado. Este recorte sólo prolonga el ciclo expansivo iniciado con la impresión masiva de dinero: baja la tasa de interés real por debajo de la preferencia temporal genuina, malinvierte capital en proyectos no sostenibles. A corto plazo, los mercados festejaron, el S&P 500 subió 0,7%, los bonos del Tesoro revirtieron al alza y el dólar cayó un 0,6% después del anuncio. A largo plazo, esta política implica erosión adicional de los ahorros reales (nuevas olas inflacionarias) y nuevos ciclos recesivos cuando se corrijan las burbujas creadas.
El Banco Central Europeo (BCE) Mantuvo las tasas sin cambios (en 3,00% en el refinanciamiento) dado un repunte moderado de la inflación cercana al 2%. Revisó al alza sus proyecciones de crecimiento e inflación para 2026, cerrando virtualmente la fase de recortes de tasas (que la había dejado en 2% desde 4% el año pasado). Sin embargo, advirtió que sigue vigilante a ambos lados: podría actuar hacia cualquier dirección según la evolución de los datos. El BCE reivindica el objetivo único de inflación, pero ignora que esa inflación actual ya encubrió fuertes redistribuciones de riqueza vía devaluación monetaria. Con esta pausa técnica, Europa sostiene artificialmente bajos costos financieros mientras la deuda pública crece. Las consecuencias van a ser similares al caso estadounidense: destruye capital real (ahorros) y enmascara la necesidad de un ajuste genuino de gasto e inversión en el futuro.
El Banco de Japón (BoJ) dio un giro radical. El 19 de diciembre elevó la tasa de interés al 0,75% (desde 0,5%), nivel más alto en 30 años, y anunció que va a continuar subiéndola si la economía e inflación lo justifican. Ueda, gobernador del BoJ, reafirmó que la política monetaria va a seguir ajustándose al alza en 2026 según sus previsiones económicas. Los mercados reaccionaron con vendas, los rendimientos de los bonos subieron y el yen se desplomó (llegó a 157 yenes por dólar) después del mensaje tibio de un tono gradual. Japón entró en la recta final de décadas de exceso monetario. La subida de tasas apenas corrige las consecuencias (amenaza nuevas quiebras de bancos zombis), pero sobre todo revela que la normalización tardía desmantela bruscamente parte del capital distorsionado. En el corto plazo, suben los precios de importación vía yen débil y se ajustan proyectos adelantados por el crédito barato. A la larga, Japón va a afrontar la acumulación de deuda insoportable. Sin rescates, su economía va a sufrir un estrangulamiento crediticio.
El Banco de Inglaterra (BoE) el 18 de diciembre recortó la tasa a 3,75% (desde 4,00%) tras una ajustada votación. Los miembros señalaron que el ritmo de futuros recortes será menor al actual, pues la inflación ya se moderó y se esperan señales más claras antes de más alzas o bajas. Oficialmente intenta paliar la caída de la actividad, pero esta baja de tasas solo posterga un ajuste inevitable: alienta consumo e inversión financiados artificialmente por deuda. A corto plazo la libra repuntó (subió ~1% frente al dólar) y los rendimientos de bonos cayeron levemente tras el anuncio. A largo plazo, estos recortes mantienen niveles de endeudamiento gubernamental y privado muy altos, preparando el camino a un desplome de los activos inmobiliarios y financieros cuando la burbuja crediticia explote.
El Banco Popular de China (PBoC) este enero reafirmó su giro expansivo. Dijo que va a reducir el coeficiente de encaje bancario y las tasas de interés en 2026 para mantener liquidez abundante. Calificó su política como moderadamente laxa, orientada a sostener el crecimiento y estabilidad financiera. También prometió anclar el yuan a un nivel razonable y equilibrado. Esto significa continuidad en el impreso de dinero: el gobierno chino trata de ocultar su crisis de deuda inundando el mercado de yuanes, distorsionando aún más precios relativos en su economía. El corto plazo ve un impulso adicional a industrias sobreendeudadas, pero dentro de pco espremerá a los ahorradores locales. A largo plazo China va a acumular más bonos inservibles (como BONOS 2035) e inflación encubierta, mientras se incrementan las tensiones comerciales por un yuan artificialmente bajo.
Monedas y movimientos relevantes
El dólar estadounidense (USD) después del recorte de la Fed, el dólar retrocedió. El índice dólar cayó cerca de un 0,6% inmediatamente y permanece en zona de mínimos. La política de tipos más bajos en EE.UU. da espacio a que otras monedas suban respecto al su billete verde. Sin embargo, la trayectoria sigue siendo débil, los operadores esperan varias rebajas adicionales y Donald Trump presiona por tipos aún menores, lo que mantiene al dólar vulnerable.
El Euro (EUR) ligado estrechamente al dólar, subió levemente tras la pausa del BCE, y la mejora de la perspectiva económica europea reforzó su estabilidad. Con la inflación cerca del 2%, el euro no sufre presiones devaluatorias recientes. No obstante, cualquier relajación futura por exceso de deuda podría devaluarlo encubiertamente como en 2020. Hasta ahora, el euro se mueve más con la paridad de la confianza en la deuda soberana europea que por un cambio profundo en su valor real.
El Yen japonés (JPY) cayó notablemente en las últimas semanas. El alza de tipos del BoJ y su señal laxa hicieron que el yen se debilitara a ~157/$ (un mínimo histórico de valor). Esto es síntoma de que Japón recién comienza a sacar su enorme estímulo; el yen fuerte artificial de antes ni siquiera compensaba los masivos desequilibrios internos. La debilidad actual favorece a exportaciones temporales, pero refleja el retiro gradual del crédito fácil.
La Libra esterlina (GBP) reaccionó con fortaleza después la decisión del BoE. El mercado la fortaleció cerca de un centavo contra el dólar después del recorte de tasa, interpretando que el BoE ya tocó fondo en su easing. Sin embargo, la libra sigue limitada por los desequilibrios fiscales del Reino Unido. A la larga, cualquier inflación oculta por devaluación o un Brexit duro pueden devaluarla nuevamente, porque el alza de salarios y precios en libras va a seguir presionada por el excesivo gasto público.
El Yuan chino (CNY) por ahora, el PBoC mantiene el yuan relativamente estable. El anuncio de mantenerlo balanceado indica que China va a seguir interviniendo para evitar grandes saltos (algo esperable de los chinos). La banda de cambio recientementada atada a inflación sugiere que el yuan se va a deslizar gradualmente (los ajustes encubiertos), porque la política monetaria laxa tiende a devaluarlo de fondo.
El Peso argentino (ARS) bajo fuerte control, el peso apenas se movió la última semana. Con el nuevo esquema de bandas ligado a la inflación, el peso se apreció moderadamente un 0,17% frente al dólar después del anuncio. Sin embargo, esa estabilidad es ilusa, vincularlo a la inflación garantiza depreciación continua (ya que la inflación suele superar el 2.5% mensual). Las medidas recientes sólo difieren un baldío colapso cambiario, porque la base monetaria sigue creciendo (del 4,2% al 4,8% del PIB en 2026, según el Tesoro).
El Real brasileño (BRL) mostró una fortaleza relativa. En las últimas semanas subió cerca de 1% después del recorte de la Fed y después del último comunicado del Banco Central de Brasil, que dejó su tasa Selic en 13,75% (un nivel históricamente alto) mientras anticipa recortes solo a partir de marzo. El real aprovechó flujos hacia monedas de altos rendimientos en la región. No obstante, Brasil arrastra desequilibrios con el enorme gasto público (y la negativa política fiscal del gobierno actual) significan que el real sólo se sostiene por las elevadas tasas internas. A largo plazo, cualquier inestabilidad política o renovada caída de tasas global puede reactivar la devaluación del real, como ya pasó en 2024.
Con respecto al oro y bitcoin, que son considerados activos refugio. El oro marcó nuevos máximos históricos: rozó los $4.485 la onza, cerca del récord de diciembre pasado. En 2025 subió un 64%, reflejando el temor a la inflación y conflictos geopolíticos. Bitcoin, en cambio, mostró volatilidad, explotó hasta ~$125.000 en octubre (récord) pero después retrocedió, cerrando 2025 un 6% abajo. Estas señales indican que los inversores buscan resguardar valor fuera de monedas fiat cada vez con más convicción.
Noticias sobre dinero y banca
Según Reuters, los reguladores en EE.UU., Europa y otros están recortando requisitos de capital de los bancos para mantenerlos competitivos. En EE.UU. la administración Trump lidera este empuje, rebajando el capital mínimo. Esto supone un retroceso de las reglas post-2008, en la práctica significa que los bancos pueden endeudarse más (reduciendo su margen de seguridad), lo que en última instancia socializa riesgos para los contribuyentes.
El BCE advirtió que el presupuesto italiano 2026 contiene impuestos especiales a la banca que minan la liquidez del sector. Al imponer mayores cargas fiscales, los bancos se ven obligados a recortar los intereses que pagan a los depositantes y tal vez a reducir su oferta de crédito. En otras palabras, se trasladan gastos estatales sobre las entidades financieras, un claro caso de intervención estatal en los bancos que puede desencadenar recortes de préstamos (particularmente a empresas chicas).
El Banco Central argentino anunció un repo de $3.000 millones con bancos internacionales para reforzar reservas antes de un pago de deuda de $4.300 millones en enero. Usó bonos locales (BONARS 2035/2038) como colateral. Esta operación no es más que una maniobra para postergar el pago (y la mora), un default técnico de facto. Es un síntoma de la quiebra monetaria argentina, donde las soluciones implican endeudamiento extra y simples engranajes financieros para evitar la cesación de pagos.
Con respecto al Rescate en Turquía (contexto regional) recientes noticias incluyen el recorte abrupto de tasas en Turquía, que bajó 150 pb a 38% en medio de alta inflación. Esto refleja la política populista de su banco central, otro ejemplo de cómo las tasas artificialmente bajas aunque destruyen la moneda nacional, siguen priorizando la demanda presente sobre los ahorros futuros.
Todo apunta a un esfuerzo global por socializar pérdidas bancarias y mantener la ilusión de crecimiento.
Análisis central
Lo que vemos es la consumación de siglos de inflar el dinero por los gobiernos. La preferencia temporal colectiva (lo que la sociedad ahorra vs consume) se elevó artificialmente, la gente consume más hoy asumiendo que el crédito es perpetuo, enmascarado por la política monetaria. Esto rompe la estructura del capital: empresas y proyectos de largo plazo se financian con deuda fácil, creando una estructura productiva distorsionada llena de malinvestments. Por ejemplo, industrias dependientes de crédito barato (tech, bienes raíces, energía verde) se inflan en burbujas que después van a explotar cuando los ahorros reales no sean suficientes para sostenerlas.
La intervención estatal juega un rol central. Cada banco central (Fed, BCE, etc.) trata de fingir resolver cada crisis imprimiendo o ajustando tasas, siempre ignorando que los problemas reales fueron causados por anteriores manipulaciones monetarias. Los gobiernos financian sus déficits recurriendo a esos bancos centrales, desviando la responsabilidad a los mercados. Los impuestos a la banca en Italia o la flexibilización de capital en EE.UU. son ejemplos de cómo se reparten las pérdidas, no asume el Estado, sino los bancos (y eventualmente los ahorradores). Esto sólo empeora el problema, al proteger instituciones incompetentes, se fomenta el moral hazard y se pospone el inevitable ajuste.
En resumidas cuentas, estamos en la fase final de un ciclo de auge inflado: las tasas aún son bajas, la deuda global tocó máximos históricos, y las decisiones de la última semana muestran prisa por no soltar la llave de dinero barato.
Siguiendo a Mises y Huerta de Soto, sólo queda un colapso de la burbuja crediticia. Cada solución actual (balotear default argentino, rescatar bancos con crédito barato, intervenir divisas) amplía la distorsión del precio del dinero y la estructura de capital.
Este espiral no va aterminar bien. No esperen un aterrizaje suave ni que los políticos tejan un milagro monetario. Todo apunta a que la burbuja actual va a explotar de forma abrupta cuando las pretensiones de dinero fácil se enfrenten con la realidad del ahorro físico. La única vía honesta sería un ajuste drástico de gastos, una libre formación de tasas y dejar que las inversiones no respaldadas colapsen para que el capital se reasigne correctamente. Pero ninguna autoridad lo va a hacer voluntariamente.


