Reporte de Dinero y Banca - 16/1/2026
Más manipulación, más desequilibrios: la tormenta monetaria se intensifica
Panorama monetario global
La expansión monetaria global sigue a toda máquina. En EE.UU. la oferta monetaria M2 está en niveles récord (~22,3 billones USD) y sigue creciendo modestamente. En la eurozona el agregado M3 ya sube alrededor de un 3,0% interanual. Los bancos centrales del mundo siguen con políticas laxas: Japón acaba de terminar con años de estímulo, China anunció recortes de encajes y tasas en 2026, y el Fed mantiene elevado su balance. Este exceso de liquidez impulsa alzas en los precios de activos y de insumos industriales, distorsionando la estructura productiva y drenando el ahorro real. Los consumidores compran más asumiendo crédito barato como dada, y las empresas inician proyectos insostenibles.
Las señales de alarma abundan: el oro marcó un récord de ~$4.539–$4.598 la onza el 12 de enero, subiendo a $4.635 el 14 y bajando a $4.600 el 15 (datos de GoldPrice.org y Fortune), impulsado por temores sobre la independencia de los bancos centrales, lo que indica que muchos ya desconfían del dinero fiat. Lo mismo pasó con el bitcoin. En suma, la impresión global de dinero no cesa y sigue calentando burbujas de precios y desincentivando el ahorro genuino, frugalidad y fomentando malinversiones, con sólo un respiro temporal en la inflación oficial.
Decisiones de bancos centrales
De la Reserva Federal (EE.UU.) esta semana no hubo nueva reunión de política monetaria (la última en diciembre recortó tasas al 3,50–3,75%). El Fed insiste en que la inflación sigue algo elevada y prevé pausar tras bajar tasas. Oficialmente calma precios y promueve empleo, pero en la práctica protege un sistema endeudado. Bajos tipos reales (por debajo de la auténtica preferencia temporal de la sociedad) continúan inyectando dinero barato que malinvierte capital. A corto plazo los mercados suelen festejar (el S&P sube, el dólar cede), pero a largo plazo esto erode el ahorro real y sembrará crisis futuras.
El Banco Central Europeo (zona euro) mantiene las tasas de refinanciación en 2,15% para la main refinancing rate y 2,00% para la deposit facility ante una inflación moderada cercana al 2%. Revisó al alza sus proyecciones de 2026, cerrando virtualmente su ciclo de recortes (ya dejó tasas en 2% tras los recortes del año pasado). Oficialmente cuida la estabilidad de precios, pero ignora que la inflación actual ya encubre gigantescas transferencias de riqueza vía devaluación monetaria. Con esta pausa el BCE sigue sosteniendo costos financieros artificialmente bajos mientras la deuda pública crece. Las consecuencias serán similares a EE.UU.: destrucción del capital real y postergación de ajustes necesarios, preparando el camino para una corrección dolorosa en el futuro.
El Banco de Japón (BoJ) dio un giro radical. El 19 de diciembre subió su tasa al 0,75% (desde 0,5%), nivel más alto en 30 años, y promete más alzas si inflación y economía lo exigen. Fuentes de Reuters indican que varios miembros del BoJ ven margen para elevar tasas antes de lo que el mercado espera (incluso en abril). Los mercados reaccionaron negativamente, los rendimientos de los bonos subieron y el yen se desplomó a ~159/USD. A corto plazo esto encarece las importaciones, pero sobre todo revela la magnitud de las distorsiones acumuladas. Décadas de crédito barato financiaron empresas zombis e invirtieron en proyectos no rentables; al normalizar tarde los tipos, Japón desmantela de golpe parte de ese capital falsamente inflado. A largo plazo, el país afronta una montaña de deuda insostenible y, sin rescates adicionales, sufrirá un estrangulamiento crediticio.
El Banco de Inglaterra (Reino Unido) en la última reunión (18 de diciembre) recortó la tasa a 3,75% (desde 4,00%) tras una ajustada votación. Advirtió que los futuros recortes serán más lentos ahora que la inflación retrocedió; se espera que evalúe más señales antes de cualquier cambio. Oficialmente busca mitigar una debilidad del crecimiento, pero este recorte solo posterga el ajuste inevitable: incentiva consumo e inversión financiados con deuda. A corto plazo la libra reaccionó fuerte al alza (~1% contra el dólar), pero a largo plazo las tasas bajas mantienen niveles de endeudamiento público y privado muy altos. Esto prepara un posible desplome de los activos (inmobiliario y bursátil) cuando estalle la burbuja de crédito.
El Banco Popular de China (PBoC) reafirmó su sesgo expansivo. Anunció que en 2026 reducirá el coeficiente de encaje bancario y varias tasas de interés para mantener liquidez abundante. Prometió además anclar el yuan a un nivel razonable, implicando intervenciones cambiarias para evitar grandes saltos. En la práctica, Pekín sigue inundando el sistema con yuanes para sostener un crecimiento inflado por deuda. A corto plazo esto impulsa sectores sobreendeudados y desacelera la deflación de activos, pero con el tiempo va a exprimir los ahorradores locales. A largo plazo China va a acumular más bonos inservibles e inflación encubierta, y su moneda se mantendrá artificialmente baja, agudizando tensiones comerciales globales.
Monedas y movimientos relevantes
Dólar estadounidense (USD): Tras la cautela de la Fed, el índice dólar opera cerca de mínimos recientes (~99,15). La perspectiva de tasas más bajas en EE.UU. da espacio para que otras monedas se fortalezcan frente al dólar estadounidense. No obstante, la trayectoria del dólar sigue siendo endeble, los inversores esperan varias rebajas adicionales y la incertidumbre política en Washington (ataques al presidente de la Fed) lo mantienen vulnerable.
Euro (EUR): Ligado al dólar, el euro subió levemente tras la pausa del BCE y la mejora en las perspectivas de la economía europea. Con la inflación cerca del objetivo (aunque sea ficticio), el euro no enfrenta devaluaciones recientes, pero tampoco fortalece mucho por sí mismo. Por ahora se mueve sobre todo con la confianza en la deuda soberana. En el futuro, cualquier relajación presupuestaria (más gasto o deuda) podría devaluarlo de forma encubierta como ya ocurrió en 2020.
Yen japonés (JPY): Desplome continuo en las últimas semanas. El sorpresivo alza de tipos del BoJ y sus señales graduales de más subidas llevaron al yen a ~159 por dólar, un mínimo histórico. Esto refleja que Japón solo está empezando a retirar estímulos masivos que distorsionaron su economía. La debilidad actual del yen favorece momentáneamente a las exportaciones, pero denota que se está corrigiendo el excesivo estímulo previo.
Libra esterlina (GBP): Tras el recorte de diciembre, la libra se revalorizó cerca de 1.343 USD, porque los mercados interpretaron que el BoE ya tocó suelo en este ciclo de tipos. Sin embargo, el reino sigue cargando desequilibrios fiscales profundos. A largo plazo cualquier inflación ocultada por una devaluación futura, o un choque político (p.ej. un Brexit duro), podría volver a devaluarla, ya que el alza de salarios y precios en libras estará presionada por el gasto público excesivo.
Yuan chino (CNY): Por ahora el PBoC mantiene el yuan relativamente estable mediante intervenciones. Anunció que lo mantendrá razonable y equilibrado, lo que indica que continuará interviniendo para evitar fuertes saltos. Sin embargo, su nueva banda cambiaria ligada a la inflación sugiere que el yuan tenderá a deslizarse gradualmente con el tiempo (ajustes encubiertos), porque la política laxa presiona su depreciación subyacente.
Peso argentino (ARS): Sigue bajo férreo control oficial. Tras el nuevo esquema de bandas ligado a la inflación, el peso se apreció moderadamente (~0,17%) frente al dólar al inicio del año. Pero esa estabilidad es ilusoria, vincularlo a la inflación garantiza depreciación continua (la inflación suele superar el 2,5% mensual). Las medidas recientes solo difieren un colapso cambiario repentino, ya que la base monetaria sigue creciendo a un ritmo insostenible (del ~4,2% a 4,8% del PIB en 2026 según el plan oficial). La alta inflación actual (terminó 2025 en ~31%, mínimo en 7 años) va a empeorar si el dinero sigue expandiéndose.
Real brasileño (BRL): Mostró fortaleza relativa en las últimas semanas. Apoyado por flujos hacia activos de alto rendimiento, el real aprovechó el contexto de tasas internas altísimas (Selic en 15,00%). Esto ayudó a contener la inflación al 4,26% anual en 2025, dentro del rango meta, en gran parte por combustibles más baratos y una moneda más fuerte. No obstante, Brasil arrastra graves desequilibrios fiscales y un gasto público abultado. A largo plazo, cualquier inestabilidad política (p.ej., nuevos escándalos) o una caída global de tasas podría reactivar la depreciación del real, como ocurrió en 2024.
Oro y criptomonedas: Los activos refugio siguieron en alza. El oro no deja de marcar récords: llegó a $4.629 la onza el 12/1 (tras subir ~64% en 2025), reflejando el miedo a la inflación, a la política monetaria y a tensiones geopolíticas. Bitcoin y otras criptos, más volátiles, retrocedieron desde sus picos de 2025 pero volvieron a subir ($95.000 con un pico reciente cerca de $97.000) tras los problemas de Donald Trump con la FED. Estos movimientos evidencian que cada vez más inversores buscan resguardar valor fuera de las monedas fiat.
Noticias sobre dinero y banca
Según Reuters, reguladores de EE.UU., Europa y otros países están suavizando las reglas de capital tras la crisis de 2008. Bajo la administración Trump se encabeza este impulso, están recortando los colchones de capital mínimos de los bancos para mantenerlos competitivos. En la práctica, esto reduce las reservas de seguridad de los bancos y socializa riesgos, si vuelven las turbulencias, la factura va a caer sobre el pagador de impuestos y los depositantes, no sobre los malos préstamos.
El BCE advirtió que el presupuesto italiano para 2026 incluye un impuesto especial a la banca (unos 5.000–6.000 millones de euros). Estas cargas obligan a los bancos a recortar lo que pagan a depositantes o a reducir crédito. En otras palabras, se trasladan gastos del Estado a las entidades financieras privadas. Es otro caso de intervención estatal que, lejos de resolver nada, puede desencadenar recortes de préstamos, sobre todo a empresas pequeñas, justo cuando se necesita liquidez.
El BCRA anunció la semana pasada un acuerdo repo por $3.000 millones con bancos internacionales para reforzar reservas antes de un pago externo de unos $4.300 millones el 9/1. Este acuerdo se garantizó con bonos locales (BONAR 2035/38) como colateral. En la práctica es una maniobra para postergar el pago y ganar tiempo, equivale a un default técnico diferido. Es síntoma de la quiebra monetaria argentina, donde las soluciones implican más endeudamiento y artilugios financieros en lugar de reforma real.
En Turquía su banco central recortó abruptamente la tasa en 150 puntos básicos a 38% a pesar de la alta inflación. Esta medida populista muestra cómo tasas artificialmente bajas (para sostener consumo) destruyen la moneda nacional (la lira cayó fuertemente en los últimos años). Prioriza el gasto presente sobre el ahorro futuro y acelera desequilibrios.
En Brasil se extendió la investigación contra el colapso de Banco Master. Los jueces congelaron 5.700 millones de reales en activos de los sospechosos, el banco fue liquidado y ahora el fondo garantizador debe cubrir cerca de 41.000 millones de reales en depósitos. Aunque el banco era pequeño (<1% del sistema), su caso subraya la red de riesgos acumulados: promociones de deuda de alto rendimiento y esquemas dudosos que terminan estallando.
En todos estos casos, las soluciones estatales (incentivos fiscales, regulaciones flexibles, rescates o maniobras contables) son parches que socializan pérdidas. Trasladan los problemas de unos sectores a otros o al conjunto de la economía, pero no corrigen las raíces: manteniendo el gasto sobre endeudamiento y manipulando las tasas, sólo se alimenta la siguiente crisis.
Análisis central
Lo que observamos es la consumación de siglos de inflación monetaria estatal. La preferencia temporal colectiva se elevó artificialmente, la sociedad consumió en exceso presente asumiendo crédito barato y permanente. Esto rompe la estructura de capital, empresas y proyectos de largo plazo se financian con deuda fácil, creando un entramado de mal inversiones. Ejemplos sobran, sectores inflados en burbujas (tecnología, bienes raíces, energías verdes financiadas con crédito, etc.) que van a estallar cuando los ahorros reales resulten insuficientes para sostenerlos.
La intervención estatal es la norma y no la excepción. Cada banco central (Fed, BCE, etc.) responde a cada crisis imprimiendo dinero o ajustando tasas, fingiendo que resuelve problemas inmediatos. Nunca reconocen que esos mismos problemas (inflación, deudas impagables) fueron creados por las intervenciones anteriores. Los gobiernos financian déficits con créditos del banco central, y cuando algo sale mal el coste lo pagan inversores, depositantes y ciudadanos. Los recientes impuestos a la banca en Italia o la relajación de capital en EE.UU. son ejemplos, en lugar de asumir pérdidas, se reparten entre entidades y ahorradores. Todo esto fomenta el moral hazard, se protege a incompetentes y se pospone el inevitable ajuste.
Estamos en la fase final de un ciclo alcista inflado, las tasas reales aún son bajas, la deuda global toca máximos históricos, y las últimas decisiones muestran la prisa por no soltar la llave del dinero fácil. Esto sólo prepara un colapso abrupto de la burbuja crediticia. Cada nueva intervención (dejar flotar la moneda sin disciplina, rescatar bancos o posponer defaults) sólo profundiza la distorsión de los precios monetarios y la estructura de capital.
Ninguna autoridad monetaria o fiscal va a renunciar voluntariamente a sus herramientas inflacionarias, por lo que la corrección será inevitable y severa. La deuda global aplastante y los desequilibrios masivos apuntan a que cuando la ilusión de dinero fácil choque contra la escasez de ahorro físico, va a ocurrir una explosión brusca. La única solución honesta (que nadie va a aplicar) sería un ajuste drástico de gastos, libertad absoluta en la formación de tasas de interés y permitir que las inversiones insostenibles quiebren para que el capital se reasigne correctamente. Mientras tanto, todo indica que la próxima etapa va a ser un desapalancamiento doloroso, no un milagro de los bancos centrales.



